La alegría es un pompóm de bordes plateados

Hoy estoy poeta, qué queréis 🙂

Os traigo la primera tarta de una celebración doble con dos cumpleañeros (¡Felicidades Oihana y Markel!) y dos tartas diferentes. Vamos, lo que viene siendo “celebración doble” por definición.

Como fue un pedido un poco precipitado y hay confianza, me dieron carta blanca con los dos diseños, que además tenían que ser sencillitos a la fuerza (el tic-tac no perdona). Aunque con la segunda tarta sí que se fijó temática: el mundo de la panadería, ésta era más “estilo libre”. De hecho cuando me la encargaron quedó esbozada a grandes rasgos: “amarilla con florecitas blancas que es muy mona“… Pero al día siguiente a la hora de hacerla fue un poco como “eso ya no me gusta” (Sí, es posible que sea un poco voluble) así que desheché la idea y busqué algo más alegre y colorido. Y ya que estaba aproveché para hacer un pompóm, que le tenía ganas. Y éste fue el resultado:

Bonica, eh? Que se quite el fondant amarillo con florecitas blancas, que forrada con en blanco y decorada con círculos de varios tamaños y colores (alegres y veraniegos) queda genial. Y si le plantas encima una flor-pompóm de color rojo con los bordes plateados ni os cuento! Mejor os lo enseño:

El interior es de bizcocho de yogur con vainilla, rellena de buttercream de chocolate con leche. Rica, rica!

Una vista cenital, que se ve el pompón en todo su esplendor. La de tiempo que llevaba con ganas de hacer una flor-pompón!! Ya no la hago más 😀

Bueeeeno, vale, quizá en algún momento haga otro, pero aunque es bastante sencillo de hacer… es un auténtico rollo!! Sabéis la de circulitos ondulados que lleva?!? Tropecientos mil! No los conté, pero hay que hacer círculos de fondant, ondular y afinar el borde, cogerlo por el centro y plegarlo haciendo que queden cuatro ondulaciones y colocarlos haciendo la circunferencia inferior (sobre un megacírculo que hará de base) y luego seguir poniéndolos intercalados encima, haciendo circunferencias cada vez más pequeñas, hasta que, poco a poco, quinientos mil circulitos después, cierras el pompóm.

Y si luego tienes la maravillosa idea de pintar los bordecitos de plateado ya…

Pero aunque me gusta mucho quejarme (mucho, mucho), la verdad es que el resultado merece la pena. Siendo el primero y estando un poco pocha (igual por eso me pareció tan interminable la confección) quedé super contenta con el resultado.

Contenta con el pompóm y con la tarta entera! Que además gustó mucho y esa siempre es la intención 😀

Informó la repostera más dicharachera 😉

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Un comentario »

  1. Pingback: Al pan, pan y a los años, años! | La repostera más dicharachera

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